El blog de Armando Vallejo Waigand
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​GRISÁLIDA

   ME QUEDO CON LA MADUREZ DE LOS GRISES

No seamos aguafiestas

24/11/2025

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Artículo publicado originalmente en Vida Nueva digital
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Fotograma de la película ‘Los Domingos’

Escribo este artículo tras leer la enésima crítica a la “espiritualidad emocional”, llamémosla así, de los retiros de impacto, los conciertos de Hakuna, el misticismo pop del nuevo disco de Rosalía y la película ‘Los Domingos’, o el testimonio viral de celebridades que se confiesan felices de haber encontrado a Dios. Es como si de repente todos los intelectuales católicos, teólogos y expertos en Doctrina Social de la Iglesia se hubieran puesto de acuerdo para prevenirme del peligro que corro si aplaudo más de lo debido, es decir, de lo que ellos consideran tolerable, el visible retorno de cierta espiritualidad, sobre todo en los jóvenes. Admito que me siento abrumado. En apenas tres meses, de septiembre a noviembre, he escuchado prácticamente las mismas críticas y alertas en dos de las ponencias de las Jornadas de Pastoral de la Diócesis de Canarias, una ponencia sobre la presencia de los cristianos en la vida pública en las Jornadas de Laicos en Madrid o en las ponencias de las Jornadas de Teología del ISTIC, por citar solo algunos.
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El péndulo ha llegado al otro extremo, al del elitismo intelectual de la espiritualidad, y lo ha hecho mucho más rápido de lo que estábamos acostumbrados a que pasen las cosas en la Iglesia. Resulta que esta rocosa institución, tan perezosa para virar a lo largo de los siglos, tampoco se libra de la insana aceleración a la que se ha subido el mundo y, por lo tanto, la Historia. Ya no sabemos disfrutar con las cosas buenas que pasan, porque como celosos centinelas de la verdad todo nos parece sospechoso y enseguida nos ponemos a la defensiva. Somos incapaces de ver señales de Dios en nada, ni siquiera en aquello que ayuda a la gente y no hace daño a nadie. Al contrario, parece que solo vemos en todo la mano del demonio tratando de engañarnos. ¡Somos unos aguafiestas del copón! Mira por dónde, eso de lo que se acusaba a la Iglesia de antaño, oscura, encerrada en la sacristía, con rostro avinagrado, moralista, que condenaba al infierno a diestro y siniestro. Y ahora, que salimos a las periferias de las que nos hablaba el papa Francisco, y algunos, los más creativos y avanzados, incluso llegan a conectar con los alejados en medio del desánimo eclesial generalizado por tener los templos vacíos y el voluntariado católico bajo mínimos y envejecido, cuando alguien se atreve a innovar y tiene éxito -sí, he dicho éxito, sin complejos-, rápidamente nos ponemos exquisitos porque no es lo bastante transformador, profundo, duradero o comprometido.

En 2018, en mi zona pastoral, iniciamos un proyecto de renovación comunitaria a la que pusimos por nombre Proyecto Luna, y que hoy en día perdura. En el documento marco dejamos escrita esta reflexión:
(…) Hay quien opina que esos chispazos de subidón espiritual no conducen al auténtico seguimiento de Cristo, porque con la misma rapidez con la que elevan el alma con su intensa luz, lo dejan caer en picado en cuanto pierde su fugaz brillo. Es lo que sucede con los fuegos artificiales, de belleza efímera y, por lo tanto, piensan muchos, inútil. Pero esto no es exactamente así. Pensemos en la agradable sensación que nos deja un buen espectáculo de fuegos artificiales o un concierto de música de un artista que nos gusta. Mientras lo disfrutamos se acelera el corazón, afloran sentimientos, nos alegra y nos hace sentir bien. Durante algunos minutos, a veces horas o días, conservamos ese estado de euforia y bienestar que incluso eleva nuestra autoestima y nos hace ser mejores personas. Tenemos mejor predisposición para relacionarnos con los demás, para embarcarnos en proyectos, tomar decisiones o asumir compromisos. (…) La chispa no nos ha cambiado, pero nos ha predispuesto, al menos, durante un breve espacio de tiempo. De modo que, si bien, una chispa no transforma a la persona, es una útil herramienta que ayuda a ponerla en camino. Genera la predisposición durante algún tiempo, que debemos aprovechar al máximo, al menos, hasta la siguiente chispa. Y así sucesivamente hasta que en algún momento la vela acabe encendiéndose (…)
¿Que Hakuna solo mueve a jóvenes de buena posición que le cantan al Cristo roto pero no han visto a un pobre en su vida? Puede, pero eso no sería distinto de no haberse emocionado en una Hora Santa o en un concierto. De hecho, seguro que hay más posibilidades de que Dios transforme sus vidas habiéndose abierto esa puerta a través de Hakuna que sin Hakuna.

¿Que los retiros de Emaús o Effetá son chutes de glucosa emocional concentrada cuyo efecto decae en cuestión de días o  semanas? Puede, pero la mayoría de las personas que viven esas experiencias no hubieran tenido otra oportunidad para acercarse a Dios de forma tan intensa.

¿Que ‘Lux’ es solo una gran producción musical y Rosalía no tiene intención de evangelizar? Puede, pero emite un poderoso mensaje que pone el acento en lo espiritual sin complejos y no se avergüenza de cantar a Dios y sobre Dios, desde una evidente iconografía católica, cuando podría haber cantado sobre cualquiera de los otros grandes temas que ‘venden’, como son la salud mental, la ecología o la diversidad sexual, por ejemplo.

​Y así podríamos seguir con cada uno de los reproches que se le hacen a quienes ofrecen una exitosa fórmula para abrir corazones, cuando hace tres días nos quejábamos de que el materialismo había ahogado la búsqueda de Dios. Dios no necesita una puerta abierta de par en par, le basta una pequeña grieta, una mínima oportunidad para conquistar un corazón. No seamos tan aguafiestas y disfrutemos con el bien que están haciendo a muchas personas estas experiencias y la oportunidad que nos brindan para enraizar esa semilla y lograr una conversión más madura, duradera y transformadora de la realidad, a la que, en efecto, todos aspiramos, sin que tengan que venir con el ceño fruncido a recordárnoslo a cada minuto.
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Javier Cercas: el ateo que quiere ‘salvar’ a la Iglesia

7/9/2025

 
Publicado originalmente en Vida Nueva Digital
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La idea de proponerle a Javier Cercas escribir sobre el papa Francisco, o sobre su viaje a Mongolia en 2021, que a los efectos es lo mismo, parece digna del mismísimo Jorge Mario Bergoglio. No fue suya, según parece, pero desde luego es su estilo.

Si hay una palabra que destaca sobre el resto a lo largo de las páginas del libro es ‘periferia’, no en vano es uno de los acentos del pontificado del Pontífice argentino, “salir a la periferia”, “observar desde la periferia”… La periferia de la Iglesia y de la fe, se entiende. ¿Y quién podría encarnar mejor esa periferia que un escritor anticlerical, laicista y ateo militante, como Cercas? 

Ah, sí, pero falta un condición esencial para que esta aparente extravagancia acabe siendo genial: la buena intención. De nada sirve salir a la periferia para observar con otra perspectiva una realidad, si los ojos con los que se mira no buscan la verdad. Así que, tenemos a un escritor de éxito, considerado de los mejores de su generación, ateo, laicista y anticlerical escribiendo sobre el Papa, la Iglesia y la fe, por encargo, petición o invitación del Vaticano, con todas las facilidades y acceso, incluida una breve entrevista al propio Papa. Parece un tiro en el pie, pero en la visión de la Iglesia de Francisco era una oportunidad. ¿De qué otra manera podríamos contemplarnos a nosotros mismos, los cristianos católicos, para saber cómo nos ven desde las periferias alejadas de la fe si no es a través de los ojos de alguien como Cercas, que además de sus ‘útiles’ prejuicios e increencia, es alguien con la buena intención y la perspicacia necesarias para captar el fondo, no solo la superficie de actos, palabras e ideas, y reflexionar de modo inteligente sobre ellas y expresarlo con la maestría que le caracteriza?

Eso es ‘El loco de Dios en el fin del mundo’ para los católicos, un espejo que nos devuelve la imagen que muchos no creyentes tienen de nosotros. En cierto modo nos desnuda. Y para los no católicos y no creyentes es un puente. No para su conversión, “¡Dios no lo quiera!”, exclamará con gran sentido del humor Lorenzo Fazzini, director de la Librería Editrice Vaticana, que quiere evitar a toda costa que tal cosa le ocurra a Cercas, como describe el propio autor, sino para fomentar la cultura del encuentro, otro de los grandes legados de Francisco. Los puentes, conviene recordar, se pueden recorrer en ambos sentidos. 
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En todo caso, esta obra es muy buena literatura. El género de no ficción es difícil y arriesgado, pero Cercas ha logrado construir un libro que, siendo largo, con sus casi 500 páginas, se hace ameno y hasta intrigante, con giros propios de una novela. La pregunta sobre la que gira toda la narración es si los católicos, incluidos curas, obispos, cardenales y el propio Papa, creen realmente en la resurrección de la carne y la vida eterna, tal y como declaramos en el Credo. Y todo para poder llevarle la respuesta a su madre, una mujer muy creyente que está convencida de que cuando muera volverá a reunirse en el Cielo con su marido, el padre de Cercas. De hecho, es la única razón, asegura, por la que ha aceptado escribir el libro, para poder llevar la respuesta de Francisco a su madre. No me negarán que el planteamiento, de tinte costumbrista, es brillante. 

​Durante su lectura admito que pasé por todas las emociones posibles: alegría, pena, risa, miedo, ira… y hasta llanto. Sí, lo confieso, he llorado. En el libro, Cercas está constantemente sacudiéndonos de lado a lado, como un barco en medio de la tempestad cuyos pasajeros van golpeándose contra las paredes del pasillo que conduce a sus camarotes. Pero cuando crees que estás a punto de caer por la borda, llega una mano amiga que te sujeta, un salvavidas que evita la tragedia. Finalmente, llegué a puerto con la mar en calma y el alma tranquila, y creo que hasta un poco más sabio, si es que esa palabra significa algo hoy en día. Porque, paradójicamente, la mano amiga que quiere salvar a la Iglesia, la fe y a Dios mismo, es el ateo, laicista y anticlerical Javier Cercas.

¿Cómo mueren las ideas?

1/5/2020

 
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​​Hoy me he tropezado con una genialidad totalmente inesperada. Una frase digna de la pluma de Tolstói, Camus o Márai, tres genios de la literatura, tres pensadores, tres pacifistas atormentados.

Pero permíteme que me recree un poco más antes de escribir esas once palabras que se me han clavado en la mente y en el alma desde esta mañana. Las encontré en una publicación modesta, un manual sobre comunicación de un periodista llamado Manuel Simó Tarragó, que escogí en busca de opiniones de autores católicos sobre la forma de comunicar de la Iglesia y en la Iglesia. Me alegro de que no me pasara desapercibida porque no son las páginas en las que esperas encontrarte algo así.

La frase aparece en el contexto de una relación de consejos que enumera el autor para entablar diálogos sanos y fructíferos con los demás:
Las ideas solo pueden morir
en los brazos de otras ideas
Cuando la leí me quedé paralizado, tuve que leerla varias veces más para asegurarme de que no había trampa, porque a menudo pensamientos en apariencia bellos y profundos no aguantan un escrutinio intelectual serio. Pero esta frase no tiene artificios, es pura, bella, poética, de un simbolismo tan luminoso que dejas de leer para empezar a contemplar. Once palabras que no parecen escritas, sino trazadas con la destreza de un pintor; un artista capaz de condensar en una miniatura perfecta, poesía, diálogo y paz.


Zombies

18/1/2020

 
Un nuevo debate que se simplifica hasta el extremo para anular los grises, los «no estoy seguro», los «depende», los «tengo dudas». Solo blanco o negro, estás conmigo o contra mí... Y las hordas de fanáticos, borregos ideologizados, se activan en respuesta a un estímulo del chip implantado en su cerebro. El drama es que en el fondo están de acuerdo y no lo saben, porque los amos de sus mentes los necesitan asustados, furiosos, violentos, enfrentados, irreconciliables. Llegan a convencerse de que 'los otros' no son humanos, sino monstruos. Cucarachas.

El ministro 'hater'

7/6/2018

 
Al deporte-producto, el que en realidad odia Maxim, el que representa la LFP, la ACB y los medios de comunicación más sensacionalistas, no le afectará lo más mínimo lo que el ministro piense del deporte. Me preocupan más las becas a deportistas de disciplinas minoritarias, las ayudas por desplazamientos a los deportistas canarios y al deporte adaptado, por nombrar algunos. 
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Diario as - EFE

​Una de las mayores pedanterías con las que suelo tropezarme es la del que suelta, orgulloso, «no tengo ni idea de deportes». No hablo de un sincero acto de modestia, sino del cultureta que presume de su incultura, sin saberlo.
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No negaré que a simple vista resulta chocante la elección de Maxim Huerta como ministro de Deportes. ¿El ministro del deporte odia el deporte? Es como si un ministro de igualdad fuera abiertamente homófobo o machista, ¿no les parece? Luego, leyendo sobre sus ocurrencias tuiteras, bastante contradictorias, debo admitir que ya no sé lo que piensa del deporte. Lo que sí sé es que no lo entiende. No es odio, es una simple limitación cultural. Sí, cultural, han leído bien, porque, como he dicho, el deporte es cultura. Y en buena parte no es culpa suya sino del concepto televisivo del deporte de masas, el del producto de consumo, que deduzco que es el que Huerta conoce porque es el que más abunda en España. Es como el que cree que el amor es lo que sale en las películas porno.

Lo cierto es que al deporte-producto, el que en realidad odia Maxim, el que representa la LFP, la ACB y los medios de comunicación más sensacionalistas, no le afectará lo más mínimo lo que el ministro piense del deporte. Me preocupan más las becas a deportistas de disciplinas minoritarias, las ayudas por desplazamientos a los deportistas canarios y al deporte adaptado, por nombrar algunos. 
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O, a lo mejor, y en ello confío, es una buena oportunidad para facilitar una conversión. Porque ya sabemos que los conversos suelen ser a la larga los fieles más devotos. 


                   *Ya veo venir a los querrán interpretar mis palabras como rechazo a Pedro Sánchez. Para que no pierdan el tiempo, aplaudo el gabinete que ha formado por lo que he podido leer sobre su independencia, méritos y talante. 

El Oscar de Penélope

1/7/2017

 
La sentencia del cineasta es un perfecto ejemplo del, próximamente aceptado por la RAE, término de 'posverdad'. No es verdad pero lo parece.
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​Me encuentro estas palabras del director de cine Nacho Vigalondo en ‘El Español’: «Si España gana un Mundial hay una fiesta, pero si Penélope Cruz gana el Oscar se hace el silencio». Leo la entrevista entera por si hay matices, pero no.

Son ese tipo de frases tuiteras y facilonas que se llevan de calle a los miles de haters que pueblan las redes sociales que se creen con la providencial misión de desinfectar España de ricos, católicos y futboleros, todos fachas. En otros casos, también vale para sus contrarios, los que persiguen a rojos y perroflautas.

La sentencia del cineasta es un perfecto ejemplo del, próximamente aceptado por la RAE, término de 'posverdad'. No es verdad pero lo parece. Y como lo parece y luce bien en boca de alguien a quien se le supone profundidad intelectual, se lo compro sin pensar. Sin pensar si me estará vendiendo una moto estropeada. Y esta moto lo está.

¿A que en la frase de Vigalondo parece que España desprecia el arte y rinde culto a algo tan vulgar como el fútbol? La primera reacción es lógica: ¡inaceptable! Pero si le damos un minuto a nuestro cerebro y se lo quitamos a nuestras tripas, veremos que la comparación es tramposa.

(No, no voy explicarlo. Yo ya me he tomado mi minuto, haz tú lo mismo).



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Juego o lucha (II)

3/6/2017

 
Un camino conduce al éxito mundano, al progreso, al prestigio, tal vez al enriquecimiento; mientras que el otro supone la renuncia a todo eso a cambio de conservar la belleza artística, la ingenuidad, la pureza, la autenticidad. Los que transitan por esos dos caminos a veces se miran desde muy lejos y ven en el otro lo que ellos no tienen, aquello a lo que han renunciado.
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Imagínate dos palos o garrotes formando una ‘V’. Tú estás en el vértice y cada uno de los palos representa un camino distinto. Es decir, hay dos caminos que se van alejando. Tú tienes que elegir uno de los dos. El primero de ellos lleva al progreso, que en el caso de la tradición de la lucha del garrote supone convertirla en deporte, en un arte marcial reconocido internacionalmente y la creación de una competición. El otro camino es el de la tradición, sin más aspiraciones que su conservación en estado puro, como expresión del acervo cultural canario. ¿Qué dirección tomaríamos cada uno de nosotros?


Como habrás deducido, la pregunta va más allá del debate entre los defensores de la Lucha del Garrote y los del Juego del Palo. Un camino conduce al éxito mundano, al progreso, al prestigio, tal vez al enriquecimiento; mientras que el otro supone la renuncia a todo eso a cambio de conservar la belleza artística, la ingenuidad, la pureza, la autenticidad. Los que transitan por esos dos caminos a veces se miran desde muy lejos y ven en el otro lo que ellos no tienen, aquello a lo que han renunciado. Dependiendo del momento que estén viviendo, de lo satisfechos o frustrados que se sientan consigo mismos y con sus vidas, así reaccionarán con envidia o con admiración, que si lo piensas bien, son las dos caras del mismo sentimiento. Así que, la pregunta es, ¿te identificas con los que defienden la lucha del garrote o con los que prefieren el juego del palo? Y, tan importante como esa pregunta es esta otra: ¿Necesitas que fracasen los que eligen una opción distinta a la tuya o eres capaz de disfrutar de tu elección, aceptando, incluso admirando, el camino escogido por los demás?


Juego o lucha

31/5/2017

 
La pieza logra en el espectador un efecto que me encanta en el trabajo periodístico: el de hacer pensar y obligar a tomar partido. Nada más acabar de verla sientes la necesidad de decidir si eres de los unos o de los otros
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En la pieza que emitimos ayer sobre la lucha del garrote y el juego del palo con motivo del Día de Canarias, Luis Muro enfrentó con elegancia y rigor las dos formas de entender la misma tradición. Dos caminos que, probablemente, ya nunca vuelvan a encontrarse. Básicamente, los defensores de la lucha consideran que su futuro está en la competición deportiva. Los que prefieren llamarlo juego apuestan por conservar la tradición a través de la cultura popular, que pasa de generación en generación.

El vídeo es claro, conciso y respetuoso, con argumentos precisos de ambas posturas. No descarto que especialistas en la materia, entre los que no figuro, echen de menos matices que se nos escapen. Pero también ellos deben entender que se trata de un trabajo de divulgación que requiere de un trazo algo más grueso que el que los expertos usarían.

La pieza logra en el espectador un efecto que me encanta en el trabajo periodístico: el de hacer pensar y obligar a tomar partido. Nada más acabar de verla sientes la necesidad de decidir si eres de los unos o de los otros, y eso te invita a reflexionar sobre cultura, tradición y deporte, sobre lo que estarías dispuesto a sacrificar por conservarlo o si te arriesgarías a que acabe teniendo una presencia testimonial en las fiestas populares. Algo, por cierto, perfectamente extrapolable a casi todos los ámbitos de nuestra vida en estos tiempos de cambios vertiginosos, en los que lo que valía para hace solo media generación, ahora es cuestionado de raíz. Tiempos en los que la capacidad de adaptación es considerada como la mejor virtud para sobrevivir, frente a los que no están dispuestos a renunciar a valores que consideran superiores al del ‘progreso’ indiscriminado.

Y tú, ¿de qué lado estás?


Sethlas, un drag crucificado

1/3/2017

 

La actuación del drag ganador de la gala del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria debería incomodar a todos aquellos que estén en contra de la pena de muerte. A quienes ofendería que se utilizase en el espectáculo, por ejemplo, una cámara de gas.

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La crucifixión es una ejecución. Explican los científicos que era una muerte horrible. Se practicó en el imperio romano y en otras culturas colindantes. En los años 90, en Sudán, fueron ejecutados cristianos por el método de la crucifixión. Muchos se sorprenderán al saber que aún existen países en los que no se ha abolido, y, por supuesto, no solo se practica contra los cristianos. 
​
Jesús fue un hombre al que dos religiones veneran. Los musulmanes lo consideran un profeta y los católicos creen que es Dios mismo. Incluso algunos judíos lo tienen por un sabio rabino, aunque la mayoría lo consideran un hereje.

Los cristianos fueron una secta que se separó del judaísmo y fue perseguida en el imperio romano. Una minoría pacífica, pobre y perseguida. Al hombre al que llamaban Jesús era a quien seguían. Sus enseñanzas, para ser más exactos. Muchos de ellos fueron martirizados y crucificados por esa causa.

Así, pues, la actuación de Sethlas, ganador de la Gala Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, debería incomodar a todos aquellos que estén en contra de la pena de muerte. A quienes ofendería que se utilizase en el espectáculo, por ejemplo, una cámara de gas.

Te propongo este ejercicio intelectual: piensa en algún personaje histórico al que admires, que haya sufrido persecución, maltrato y la ejecución o asesinato, al que no te gustaría ver parodiado durante su cruel muerte. Si, sinceramente, no hay ninguno para ti, no tengo nada más que decir. Viajamos en órbitas distintas. 

Aclaro que solo he visto la actuación del ganador.

Lee bien antes de comentar. No he mencionado a la Iglesia. Y si tienes la tentación de escribir una retahíla de cosas que te escandalizan más que la de ayer, como la pederastia en la Iglesia o la corrupción política, no te molestes, estamos de acuerdo. Y para acabar de situar el debate en sus justos términos, no, no creo que se deba ni censurar, ni denunciar ante el fiscal. 
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EL LUGAR MÁS FELIZ DEL MUNDO (David Jiménez)

29/4/2014

 
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Acabo de llegar de «El lugar más feliz del mundo», de David Jiménez. Ha sido un viaje extraño, ajetreado, por momentos incómodo, cuando no doloroso. Pero ahora, de vuelta «a casa», puedo decir que me siento bien y que ha merecido la pena. Definitivamente, recomiendo la experiencia. 

NO ES FICCIÓN

24/3/2014

 
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Pol Pot, dictador camboyano entre 1960 y 1998

Estoy leyendo el nuevo libro del periodista David Jiménez, El lugar más feliz del Mundo, y debo decir que no es lo que esperaba. En cambio, lo que me he encontrado ha sido una sorpresa de la que no me arrepiento. El autor me está presentando a personajes que parecen sacados de comedias de Hollywood de bajo coste, pero demasiado reales para tomárselos a broma. Un paisaje habitado por reyezuelos, tiranos de poca monta y guerrilleros, cuya crueldad es inversamente proporcional a su patética categoría humana. 


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DISPARA, YO YA ESTOY MUERTO

21/1/2014

 
ImagenSan Petersburgo, una de las ciudades en las que se desarrolla la acción.

«Dispara, yo ya estoy muerto» es la quinta y más reciente novela de la escritora y periodista madrileña, Julia Navarro. Se presentó en septiembre pasado, pero yo lo leí durante las primeras semanas de este mes de enero, y debo decir que me impactó. A grandes rasgos, es la historia de dos familias, una palestina y la otra judía, que discurre a lo largo de varias generaciones. El contexto es el conflicto palestino-israelí, desde sus orígenes, no tan lejanos como podríamos suponer, hasta la actualidad. 



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MEDIA LUNA, SATISFACCIÓN ENTERA

31/10/2013

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El cantautor Rubén Rodríguez sobre el escenario

El sábado 26 de octubre tuve la oportunidad de presentar el IV Festival Benéfico Media Luna. Uno de sus impulsores, el músico Rubén Rodríguez, me lo propuso unas semanas antes. Acepté enseguida, aún sin conocer el contenido del espectáculo, ni el propio Proyecto Media Luna; me bastaba con el aval de alguien con quien comparto principios y valores. 


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EL 'SILLONBOL' NO ES OLÍMPICO

7/9/2013

 
Publicado en jugandoencasa.es el 13 de agosto de 2012.
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Leo y escucho profundas lamentaciones por el 'no' a Madrid 2020. Más allá de lecturas de carácter geopolítico, veo que, en general, se considera injusto porque «España es una potencia deportiva». Pero eso es una verdad a medias. Lo expliqué tras Londres 2012:

Durante tres años y once meses España ha sido admirada, cuando no envidiada, por sus grandes éxitos deportivos. Nadal, Fernando Alonso, Contador, Jorge Lorenzo, la selección de fútbol, la de baloncesto, la de balonmano... Somos la mayor potencia mundial del deporte en la actualidad, o eso queremos pensar. Pero han llegado los Juegos Olímpicos de Londres, y España ha vuelto a ser durante quince días ese país mediocre que está a la cola de todas las grandes potencias de siempre y las emergentes, incluso por detrás de pequeños países a los que superamos demográfica y económicamente. España acabó los Juegos en el puesto 21 del medallero, con tres oros y diecisiete medallas en total.


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LA CULTURA DEL DEPORTE

23/8/2012

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Publicado en jugandoencasa.es el 23 de agosto de 2012
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En la entrada anterior di mi particular diagnóstico sobre el bajo índice de medallas que históricamente suele lograr España en los Juegos Olímpicos. En resumen, sería la escasa cultura deportiva de nuestro país. Me propongo, ahora, explicar lo que eso significa. Este primer párrafo describe a los que han sonreído despectivamente al leer el título. Aquellos a quienes ofendo con el solo hecho de vincular las palabras 'cultura' y 'deporte'. Aún a riesgo de irritarles todavía más, les adelanto que no lo entenderán...

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I ENCUENTRO DE CANCIÓN ESPIRITUAL VILLA DE MOYA

27/4/2012

 
Tuvo lugar en Abril de 2012, con la actuación de Óscar Rodríguez (Padre Paúl), la Rondalla Harimaguada, de San Isidro de Gáldar, Juventudes Marianas Vicencianas de Las Palmas de GC, coro parroquial de La Aldea y coro parroquial del Cruce de Arinaga, con la presentación de Mónica Rodríguez. La canción que se escucha de fondo está interpretada por Cataysa con el acompañamiento de voz y guitarra de Paco Guedes, ambos del coro parroquial del Cruce de Arinaga.
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